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jueves, 27 de octubre de 2011

Adolescentes y las Drogas

Uno de los retos que más nos inquietan a los padres de hijos adolescentes es ayudar a nuestros hijos a rechazar el mundo de las drogas. Pero ¿cómo podemos lograr que un hijo diga no a la droga?
A pesar de los programas anti-droga llevados a cabo durante los últimos años por las autoridades en las escuelas y los institutos, y los programas educativos dirigidos a los padres de adolescentes, el índice de consumo de todo tipo de droga, desde tobaco, marihuana, alochol, pastillas y cocaína.... entre los jóvenes sigue en aumento.
A diferencia de generaciones anteriores, el consumo de la mayoría de estas drogas ya existían cuando los que son ahora padres de adolescentes eran más jóvenes. Pero no había una proliferación tan extendida como la de hoy, y el contacto con la droga normalmente se realizaba más mayores cuando uno tiene más capacidad de decisión, más facilidad para rechazar ciertos hábitos y más madurez para comprender el daño que puede ocasionar el consumo de drogas. Hoy en día nuestros hijos adolescentes están expuestos a estas sustancias en una edad en la que sienten todavía la presión de hacer lo mismo que sus compañeros y en la época de la infancia cuando más tienden a rechazar los consejos de personas adultas.
Nadie tiene una respuesta fácil para uno de los problemas más preocupantes de la sociedad moderna. Pero aquí ofrecemos algunos consejos que pretendemos ayuden a aquellos padres que desean encontrar formas de mantener a sus hijos adolescentes alejados del mundo de la droga o bien ayudarle si cree que ya ha empezado a tomar sustancias dañinas.
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Embarazo No Deseoso

.El amor lo puede todo...
Esto es, y perdón por la expresión, una tontería como una casa.
Cuando tenemos 15 años, algunos menos, algunos más, y tenemos nuestra primerísima relación de pareja, todo es nuevo, todo es amor, todo es felicidad, todo es de color rosa o vives en una nube.
Eso nos creemos y no está tan mal, es una etapa que toda persona tiene que vivir. Es una sensación muy bonita y gratificante.

Pero eso de que el amor lo puede todo, eso de que contigo, pan y cebolla, eso de que mi novio sabe todo lo que yo quiero sin ni siquiera decírselo, al final se cae por su propio peso.
Esos desengaños que nos llevamos son ley de vida. Están ahí y aprendemos de ellos, son inevitables.

Parece que muchas veces el amor va de la mano del sufrimiento, a veces incluso cuanto más sufres parece que más le quieres, o que es necesario sufrir para demostrar todo lo que sientes... También hay momentos, y esperemos que sean los que más que son llenos de alegría y felicidad, sino fuera así...mal asunto.
Bueno, eso son cosas que no se pueden evitar, que van con nosotros y que nos toca vivir para aprender y seguir viviendo.

Pero sufrir de forma gratuita; no, gracias.
No tiene porque ser en tu primera relación, ni en la segunda, pero puedes verte metida en un problemón, del que eras consciente pero que claro, a mi no me va a pasar!
Todos tenemos una amiga que se ha quedado embarazada y que ha tenido que ir al hospital y que le han metido el aspirador ese y todas esas historias, que por otro lado, no se alejan mucho de la realidad.
O también tenemos esa amiga que el sábado pasado se tiró al camarero y está "súper agobiada" porque no le baja la regla!!!
En fin, todo esto, son cosas evitables.
Sufrir por amor, no lo es. Quedarse embarazada sin quererlo, lo es.
Siempre pensando que no ha sido un accidente en el que el preservativo se ha roto... En estos casos, mala suerte, aunque el fin es el mismo.

Mejor si diferenciamos dos tipos de relaciones y vemos lo evitable que es esta situación:
La primera, la de los novios, en está es tan fácil de evitar como ir al ginecólogo y que te receten anticonceptivos hormonales, y los tenemos de tres tipos, así que hasta podemos elegir:
- orales ( la clásica píldora)
- en parches
- anillo vaginal
Luego tenemos la opción del DIU.

El segundo tipo de relación, son las esporádicas...el "aquí te pillo, aquí te mato". Bueno, es una opción, y aquí se debe elegir un anticonceptivo de barrera, elegimos entre:
- condón
- espermicidas
- diafragma
Si utilizamos cualquiera de todas estás opciones que yo he dado, a parte de no vernos con un bombo con 15, 17, 20 o 22 años, evitaremos contagiarnos con enfermedades, hartos todos de oirlas.
Lo último que digo, en el caso de tener mala suerte y que el preservativo se rompa o cualquier accidente no deseado, tenemos una última salvación, LA PÍLDORA DEL DÍA DESPUÉS, la píldora poscoital.
Está no es un método anticonceptivo y por supuesto no debe tomarse con regularidad, sólo en casos de emergencia y en las 72 horas siguientes a la relación, al cabo de otras 12 horas, nos tomaremos otra.
Ésta píldora nos alterará nuestro ciclo reproductor, paralizando el embarazo casi en un 100% de posibilidades.
Así que ya sabéis, si no queréis darle el disgusto a vuestra madre o padre y no sufrir las consecuencias de un calentón....hay fácil solución!

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Normas para Adolescentes

La disciplina sigue siendo tan importante en la educación de un adolescente como durante el resto de la infancia. La diferencia es que conforme se van haciendo cada vez mayores, los adolescentes cuestionan cada vez más las normas y límites que sus padres les imponen. Sin embargo la disciplina es una herramienta básica en la formación de una persona responsable y estable, así que es muy importante tener unas normas y límites bien definidos y exigir que todos los respeten.

Ayudarles a expresar sus sentimientos. Si un hijo adolescente le pega a un hermano menor, es importante preguntarle porqué lo ha hecho, y pensar en otras formas de desahogar su enfado
Expresar reconocimiento cuando su hijo adolescente logra comportarse como es debido. Si llega a casa a la hora acordada por ejemplo, darle las gracias. Si obtiene buenas notas en la escuela, darle la enhorabuena
Permitir que participe tu adolescente cuando se fijen normas nuevas. Esto no solo será una forma de enseñarle el arte de la negociación (algo que le servirá durante toda su vida), sino que le implicará de tal forma que se sentirá más obligado a cumplir con las reglas. Además, si nota que no eres intransigente y estás dispuesto a escuchar su opinión, aprenderá a hacer lo mismo.
Dar ejemplo. Si un padre o una madre le grita a su hijo adolescente, está enseñandole indirectamente que es una opción válida en caso de desacuerdo, en vez de enseñarle negociar o debatir. En vez de gritar, pare y cuente hasta diez antes de hablar y enseñarle a tu hijo a discutir de forma sosegada e inteligente. Los gritos solamente alejarán más a su adolescente.
Darle alguna margen de decisión en el momento de organizar las tareas que debe realizar. Sentarse con su hijo, papel y lapiz, explicarle todas las tareas domésticas, y decidir conjuntamente cuáles serán su responsabilidad
Ser siempre justos. Los padres somos humanos, y a veces nos exasperamos y imponemos una regla nueva o un castigo porque estamos cansados o hartos. Hay que evitar esta situación, pensarlo muy bien antes de introducir nuevas reglas o cambiar una existente, y explicar de forma sosegada el motivo a tu adolescente.
Ser muy consistentes y firmes. Por ejemplo, si la norma es hacer los deberes antes de jugar a la playstation, es importante ser inflexible y no cambiarlo nunca, incluso si tu adolescente llega a casa con amigos. Cuando tu adolescente aprende que no vas a ceder, dejará de insistir (aunque esto puede tardar años y supone uno de los aspectos más agotadores de ser padres de adolescentes). Si cedes, tu adolescente cuestionará no solo esta norma repetidas veces, sino otras también.
Ser fiel a tus principios. Probablemente has escuchado muchas veces estos típicos reproches de hijos adolescentes: "Siempre soy la primera que se tiene que ir a casa"; "Pues los padres de Pedro le dejan hacerlo"; "Los padres de Marta la dejan hasta las 12.00...". Y es fácil tener la tentación de ceder. Pero todos tenemos nuestros propios valores, y es importante que nuestros hijos adolescentes aprendan a respetar los nuestros. Explícales que todos somos distintos, y cuando protestan y dicen que ojalá su familia fuese distinta, respira hondo y recuerda que esta es una reacción típica en los adolescentes y realmente no piensan así. Simplemente forma parte de la adolescencia cuestionar el sistema que les sigue controlando e intentar mover los límites.
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Hijos Adolescentes

En la actualidad, el proceso de pasar de la niñez a la juventud, es una circunstancia algo incomprensible para los jóvenes y para sus padres. A esta etapa, llamada adolescencia, se le atribuye el periodo de crecimiento acelerado que separa la niñez de la juventud y que, en la mayoría de los casos, se ubica entre los once y los diecisiete años de edad.
La adolescencia es una época en la que los jóvenes pasan de la alegría a la tristeza con gran facilidad. Es el momento de inclinación, tanto por los grupos como por la soledad. Del altruismo y el egoísmo, de la curiosidad y el aburrimiento. De confianza y duda en sí mismos, pero sobre todo, la adolescencia es un periodo de cambios rápidos en los aspectos físicos, sexuales e intelectuales y de cambios ambientales en la naturaleza de las exigencias externas que la sociedad impone a quienes pasan por esta etapa del desarrollo.
Los cambios físicos que se dan en esta fase son, sin duda, diferentes entre las hembras y los varones, pero ambos comienzan a experimentar una gran necesidad de contemplación donde el espejo se convierte en su mejor aliado. Aun cuando por motivos distintos, el adolescente somete su imagen a una atenta y meticulosa observación: Pequeñas manchas, el acné, la llegada de la menstruación, el crecimiento de los senos entre otras, son objeto de preocupación estética de las muchachas, en tanto que los muchachos, están más pendientes del aumento de sus músculos ?signo de fortaleza-, de la aparición del vello facial y del cambio en el tono de voz. A diferencia del niño pequeño, cuyo crecimiento es gradual y ordenado, el adolescente encontrará a corto plazo que se siente como un extraño con su propio cuerpo.
Las alteraciones morfológicas trabajan durante este periodo en la psicología de los adolescentes, quienes sienten un profundo temor a una deformación exagerada de su cuerpo que los haga parecer ridículos o repulsivos ante los demás. Es por ello que revisan constantemente su físico. El proceso de integrar con éxito estos cambios -que para los jóvenes son dramáticos- a la nueva identidad personal, puede ser prolongado y muy difícil. Es aquí donde el papel de los padres es fundamental, pues este problema se hará menos preocupante en la medida en que papá y mamá tengan una idea más clara de la verdadera naturaleza de los cambios físicos que ocurren en esta etapa, para así poderlos explicar a sus hijos.
Los rápidos cambios de los adolescentes durante su desarrollo físico, van acompañados de incrementos igualmente impresionantes ?aunque tal vez menos obvios- de su capacidad mental. El joven promedio de catorce o quince años puede manejar con facilidad y mucha eficiencia tareas o problemas intelectuales que a un niño de nueve o diez años le sería muy difícil dominar.
Aunque los adolescentes no muestran una diferencia sistemática en su inteligencia total, difieren en cierta medida en cuanto a sus capacidades. Desde los once años aproximadamente, las hembras tienden a sobresalir más en las pruebas sobre capacidad verbal. Mientras tanto, los varones destacan más en tareas visuales y de compresión espacial como por ejemplo, visualizar un objeto en el espacio desde ángulos diferentes, ver cómo trabaja un conjunto de engranajes, etc. En algunos casos, los varones alcanzan mayores resultados en asignaturas como matemáticas y las hembras desarrollan una mayor capacidad para las actividades manuales, artísticas e intelectuales.
El joven, a pesar de su personalidad incipiente se coloca como un igual ante sus mayores, pero se siente diferente a éstos, debido a la nueva vida que se agita en él. Es por ello que quiere sobrepasar y sorprender a los adultos, transformando el mundo. He aquí por qué los planes de vida de los adolescentes, por una parte, están llenos de sentimientos generosos, altruistas o místicos y por otra son inquietantes por su megalomanía y su gran egocentrismo.
El adolescente se atribuye con toda modestia, un papel esencial en la salvación del mundo y organiza su plan de vida en función de esta idea.
En lo que al amor se refiere, es cierto que el adolescente lo descubre, pero lo que trata es de proyectar sus ideas en un ser real. Es por eso que las decepciones son tan repentinas como los enamoramientos, pues el adolescente ama, platónica o realmente, como si viviera una novela.
En cuanto a la vida social del adolescente, encontramos que cuando se enfrenta a situaciones sociales, en ocasiones se repliega llegando a parecer poco sociable o desadaptado. Esto no debe ser motivo de preocupación para los padres, pues la sociedad que le interesa es la que quiere transformar y no siente más que desprecio y desinterés por la sociedad real que él condena. Además, la sociabilidad del adolescente se afirma a través de la vida, en la relación con sus iguales. La verdadera adaptación a la sociedad vendrá automáticamente cuando, de reformador, el joven pase a realizador. Entonces no hay por qué inquietarse por las extravagancias y los desequilibrios de los muchachos, a menos que éstos sean permanentes y sostenidos en el tiempo.
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