Mostrando entradas con la etiqueta Vida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vida. Mostrar todas las entradas

sábado, 5 de noviembre de 2011

Otra Oportunidad

Cuando sobreviene un gran disgusto, nos parece que todo está perdido. Sin embargo, la vida suele darnos lo que habitualmente se llama una segunda oportunidad. Además, es bueno saber que, en realidad, las oportunidades son muchas más que dos…

En la vida de toda persona se produce una gran debacle en algún momento. Al oír el diagnóstico de una enfermedad difícil, luego de una gran desilusión sentimental, la muerte de alguien cercano, a causa de una iniciativa comercial frustrada o alguna situación de este tenor, la primera percepción suele ser que ahí se termina todo. El fin del mundo acaba de anunciarse para nosotros. Vemos imposible volver a levantar cabeza, nos parece estar en un callejón sin salida, con acceso vedado a la felicidad.

La primera etapa por lo general es la negación: a mí no me puede estar pasando esto, hay una equivocación, el teléfono va a sonar y ese llamado va a terminar con la angustia que siento. La negación es una respuesta instintiva a la desesperanza. Nuestro mecanismo de supervivencia lucha contra la agresión provocada por noticias angustiantes, tratamos con todo nuestro empeño que no sea verdad lo que está aconteciendo.

Suele manifestarse cierta depresión, ya que en un principio no se vislumbra la salida, y si se llegara a tener idea de cómo dejar atrás la debacle, la solución muchas veces suele no ser instantánea y requerir un gran esfuerzo. Algunas personas fluctúan entre períodos de depresión y otros de exaltación en los que tratan de llevarse el mundo por delante y creen que así la situación cambiará mágicamente.

En este punto cabe señalar que no hay actitudes buenas o malas, en los momentos de crisis reaccionamos como podemos y es positivo permitirnos que así sea.

Lo que produjo la debacle fue un proceso, el salir de ella, también lo será. Es bien posible hacer el intento ¡y tener éxito!. “Nada es permanente, todo se transforma”, reza una ley física. Vale la pena vivir y apostar al futuro, donde nos esperan un sinnúmero de posibilidades variadas en todos los campos. Una excelente manera de descubrir nuevamente la claridad es con compañía, o sea, hay que tener en cuenta que pedir ayuda a quien creamos conveniente es clave es este momento.

Para transitar el proceso de salida de esta situación tan dura, primero es necesario aceptarla. La aceptación implica entender cabalmente que, en efecto, esto tan temido o completamente inesperado tuvo lugar, y nos está sucediendo a nosotros. Aunque no lo merezcamos, no queramos o no sepamos qué hacer, sí, nos está pasando. En la medida que podamos, a nuestro tiempo, describamos la situación en primera persona. Una vez que nos acostumbremos a esta nueva realidad, el dolor irá quedando atrás.

Aceptación implica también perdonarnos incondicionalmente. Por los alertas que no quisimos o no pudimos ver. Por la negligencia o la extrema inocencia con la que actuamos. Por haber confiado a ciegas en nosotros mismos o en otra persona. Por no haber escuchado lo que nos decían, o por haber callado nuestras propias voces internas.

La aceptación es el puente que nos lleva del dolor a la paz interior. Nos conecta con nuestra condición de seres humanos, falibles, con errores y defectos, al igual que todas las personas que nos rodean. Asumir los errores como propios nos aporta claridad de conciencia. El autoconocimiento es esencial en la búsqueda del equilibrio psicofísico.

El aceptar el momento presente abre las puertas hacia otra oportunidad en la vida. Al entender exactamente qué sucede operamos en la realidad, y así contamos con la mejor predisposición interior para ver el abanico de posibilidades que se abre delante nuestro. De este modo lograremos las modificaciones de rumbo que deseamos. Todos tenemos la capacidad de procurarnos un futuro mejor. Cada día puede significar una nueva oportunidad, y trasformarse en un nuevo comienzo y en el primer paso hacia un futuro promisorio, si así lo decidimos
Leer más...

viernes, 28 de octubre de 2011

Tarot en la Vida

El tarot es un fenómeno inexplicable: en el hecho de mezclar las cartas, cortar, y extenderlas sobre la mesa, algo sucede. Las cartas, bajo una correcta interpretación, pueden desarrollar una descripción realista de la situación en que se encuentra el consultante, el problema consultado, y hacia donde se dirige, como una hoja de ruta donde aparecen los lugares donde hemos estado, el punto en que nos encontramos, lo que hallaremos en el camino.
¿Seremos capaces, consciente o inconscientemente, de tomar en cuenta estas indicaciones, cambiarlas, modificarlas, mediante nuestros miedos e ilusiones? ¿O dejaremos que ocurra sin más, pues las decisiones de cambio, son costosas y requieren tiempo?
Las cartas son símbolos, su procedencia es antigua, nos llega desde los jeroglíficos, la mitología, los arquetipos, la numerología, la kábala, etc.
Cada uno de nosotros está rodeado de una “vibración”, una energía que que es la que nos permite vivir cada situación en forma particular y única.
En la sesión de tarot, ocurre una sutil combinación entre la vibración del consultante, la pregunta, el movimiento de las cartas y la distribución de las figuras, que es la que acertadamente debe interpretar el tarotista para ofrecer una respuesta certera. Las cartas no “mienten”, como mucho, pueden negarse a responder a determinadas cuestiones.
Es allí donde juega un papel fundamental la capacidad de interpretación del tarotista, su conocimiento de los símbolos y relaciones, para saberlos adaptar correctamente a la pregunta. Por otra parte el tarotista debe tener la capacidad de desvincularse de toda connotación personal con problema consultado, para evitar que su propia moral, deseos o miedos interfieran en la respuesta. Debe permitir que la libre intuición se mezcle con los símbolos, relajadamente, escuchando y utilizando el sentido común para asesorar lo mejor posible al consultante.
El tarot es ciencia pero también arte, por eso ocurre algo mágico durante la sesión, el intérprete cuenta una historia al consultante que coincide con lo él ya conoce, su carácter, su pasado y situación actual. Se interpreta entonces que si esto es así, lo que se relate respecto del futuro también puede suceder. Es uno
de los momentos más importantes de la sesión pues el tarotista debe ayudar al consultante a enfrentar las dificultades o los hechos más o menos dolorosos.
Las cartas “no mienten”, pueden existir fallas en la interpretación, momentos difíciles, cansancio, falta de formación por parte del tarotista. Sin embargo quien consulta las cartas lo hace para tener un poco más de luz sobre un determinado problema, o sobre su futuro, por eso en una sesión exitosa de Tarot se combinan una serie de energías que mediante la interpretación de los símbolos da la respuesta correcta.
Leer más...